El barrio rojo por excelencia es el de Amsterdam. No hay nada más icónico que las fotos de las escort en la vitrina. Esto solo se da en esta ciudad, una que incluso yo empecé a pensar “Esto es casi demasiado”. Amsterdam es donde hasta el más liberal se vuelve conservador.
En solo un lugar del mundo puedes ir a dejar a tú hijo al jardín, luego fumarte un pito, seguido por ir a ver una escort y finalmente confesarte en la catedral, todo dentro de la misma cuadra.
Incluso sin el barrio rojo recomiendo ir a Amsterdam. Caminar al lado de los ríos, cruzar sus puentes y recorrer sus calles estrechas es toda una aventura. Es una dualidad entre una ciudad pintoresca mezclada con la modernidad junto con su pisca de tabú por las tiendas de hongos y marihuana en donde uno menos lo espera.
El barrio rojo es parte del turismo de la ciudad. Aunque no lo creas el barrio es residencial. Arriba de las ventanas con escort hay departamentos con familias. Pese a ser residencial, es el atractivo turístico más llamativo de la ciudad.
El lugar esta lleno. Tan lleno que quieren sacar el barrio rojo de la ciudad. Pero mientras no lo saquen, recomiendo ir, al menos como turista. No ir es casi como ir a Egipto y no ver las pirámides.
Encontrarlo es fácil, está en el centro de la ciudad. Puedes llegar a la Amsterdam Central Station y caminar 10 minutos o ir a Dam Square, donde solo te queda a 5 minutos.
Y vas a tener que ir solo, es tanta la gente que prohibieron hacer tours. La única opción es un audio tour, pero cuidado, es fácil perderse. Ahora, perderse en el barrio rojo ya es una aventura en sí mismo.
Lo que sí, cuando lleguen, estén preparados para un cambio cultural. De un segundo a otro van a pasar de un lugar pintoresco a encontrar las modelos en las vitrinas, ofreciendo su servicio.
Como dato curioso, las luces rojas son mujeres. Los otros colores son una sorpresa. Y va gente de todas las nacionalidades a ofrecer su servicio. Hay mucha variedad, mucha gente y mucha seguridad.
El lugar está repleto de cámaras y policías. También, adentro de los vidrios también hay cámaras con gente observando que no haya accidentes. Igual hay que tener cuidado con los lanzas, como en todo el mundo.
La pieza detrás del vidrio se arrienda por media jornada. Uno puede arrendar de 6 a 8 horas y no está permitido trabajar por más de 11 horas. Esto es para evitar casos de trata de personas.
Por supuesto, hay más cosas que hacer en el barrio rojo. Hay un museo, un cine y shows en vivo. También está el peep show, que es lo más barato, solo 2 euros la entrada.
Pero suficiente de esas cosas, como es ir al servicio de una escort en el barrio rojo. Tiene sus pro y contra. El principal pro es que puedes caminar por 1 hora, mirar cientos de mujeres y elegir la que más te guste. Hable de la variedad, pero la verdad es que encuentros lo que quieras. Hay bastantes del típico estereotipo de rubia bonita europea, mujeres que parecen modelos sacadas de revistas, tanto normal como porno. Hay de todos las formas y colores. Uno puede ir solo a mirar y ya es una experiencia. El mayor peligro es no decidirse nunca donde ir.
Una vez te decides hay que entrar. No es tan fácil como parece. Más que fácil, es más incómodo de los que piensas. El barrio rojo es un lugar turístico, por lo que cada vez que alguien se acerca a un vidrio, un buen grupo de gente para y observa. Algunos se sorprenden, otros se ríen, pero todos miran. Entrar es pasar a ser parte de la atracción. Esto es solo unos segundos, pero la primera vez da vergüenza. Asique si eres vergonzoso, mentalízate.
Una vez que entrar la escort rápidamente cierra la cortina y comienza la conversación. No puedo hablar por todos, pero en mi experiencia es bien transaccional el servicio. Todo tiene un valor, el sexo, sexo real, bezos, etc. Y no es barato. Si lo comparas con Chile, puede ser el doble del precio por un servicio peor. Yo fui hace unos años y me costó €60 solo sexo. Estuve averiguando y ahora son €100.
No se ve desde afuera, pero al lado del vidrio esta la cama. El lugar en sí es chico, tiene lo justo y suficiente. El vidrio, un lavamanos y la cama. Una vez que pagas van a la cama y dependiendo lo que pagaste, lo que recibes. Para la escort el nombre del juego es tener muchos clientes, por lo que culeas, eyaculas y te vas.
En mi caso las veces que me atendí fue fome. En Europa fue mejor ir al típico servicio de escort que uno encuentra en las páginas web. Esos donde uno va al departamento y uno puede disfrutas.
No estoy diciendo que no vayan. Es toda una experiencia ir, recorrer, buscar la escort que más te guste y culear. Por algo me repetí el plato. Pero al menos en mi experiencia no esperen el servicio típico de ir con una escort. Piénsenlo más como ir a un café o night club. Y si quieren la experiencia de polola, saldría mucho más caro.
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